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FACTORES BASICOS EN EL RENDIMIENTO ESTUDIANTIL SATISFACTORIO



Preparado por Lic. Leopoldo Ayala L.

Para obtener un buen rendimiento estudiantil se requiere que confluyan seis  factores fundamentales
Atención en clase:

Este factor se  constituye en el más importante de todos. Un alumno que atiende en clase tiene la mitad de la partida ganada. El problema radica en que este es un factor que escapa de nuestras manos. Ni los padres ni los profesores pueden forzar una mayor atención en clase. Pero ¿qué es atender a clase? ¿En que consiste? Sabemos, por investigaciones que se han realizado, que la atención sostenida de un adulto no sobrepasa con eficiencia los 20 minutos. Eso significa que cada 20 minutos se requiere aunque sea un pequeño descanso, que puede consistir en un cambio de actividades.

Entre los estudiantes nos encontramos diferentes características. Desde los que sin atender casi nada, captan de inmediato la mayor parte  de lo que se dice sin realizar mucho esfuerzo, hasta los que se distraen por cualquier cosa: están pendientes de todo lo que ocurre en la clase para no quedar fuera de ningún acontecimiento por mínimo que este sea.

Es necesario buscar un elemento que contribuya constantemente a centrar la atención en lo que se esta haciendo. Algún elemento alterno que asegure, al menos parcialmente, esta atención: La toma de notas.

La Toma de notas

El tomar apuntes en clase surge en la Edad Media cuando no había libros. Lo que decía el profesor era esencial (¨Magister dixit). Era la época en que la “auctoritas” del maestro nunca se ponía en duda. Él era quien lo sabía todo, era la única referencia; en consecuencia no quedaba más remedio que tomar apuntes lo más fielmente posible de todo lo que decía. Y los mismos alumnos se afanaban por traspasarse tales apuntes, de uno a otro y de año a año.

Con el progreso de la publicación de libros, la autoridad del maestro se ha visto disminuida. Ya no es importante lo que dice porque  la información que nos trasmite se puede conseguir en cualquier libro y más aún, con el internet lo encuentro con toda facilidad y a velocidades increíbles.  El maestro adquiere entonces otra función: la de facilitador del aprendizaje. Ya no es el que dicta la ciencia sino quien establece las oportunidades y medios de estudio para obtener un buen rendimiento.
Los alumnos pierden interés por tener que copiar las ideas principales de lo que se está trasmitiendo, ya que en cualquier momento la información la van a conseguir en algún texto escolar y viene con gráficos de colores y perfectamente explicada. Por fin, los alumnos se liberan del apuntismo. Ya no tienen que estar pendientes de todo lo que hace o dice el maestro. A partir de ahora, cobra mucha mayor importancia las relaciones de lo que sucede en el aula: los comentarios de los compañeros, los chistes, los que se molestan, los que se juegan con otros… hay que estar pendientes de todo lo que ocurre en el salón, si no se quiere caer en quedar aislado por el grupo.

Y el maestro batalla denodadamente por atraer la atención de los alumnos. Aporta materiales, audiovisuales, guías resumidas que facilitan el proceso de aprendizaje y que se encargan de resumir en pocas páginas lo que aparece en los textos de manera extensa y aburrida. Presiona, amenaza con exámenes más difíciles, trata de hacerse amigo de los alborotadores. Su única arma verdaderamente valiosa son las notas. Es a lo único que temen los muchachos. Sin embargo se le inculca  lógicamente al profesor que no debe emplear las calificaciones como instrumento de disciplina y ya lo vemos de nuevo haciendo de tripas corazón para poder obtener un mínimo de atención en clase.

Ya ni siquiera las películas que se pasan en clase son motivo de verdadera motivación. Nuestros muchachos tienen  en sus casas un arsenal de elementos distractivos que les facilitan obtener lo que ofrece el profesor  y mucho más. Wii, Exbox, computadoras, proyectores de videos, juegos sofisticados de todo tipo…Por precios ínfimos adquieren la película que quieren para verlas con sus amigos en pantalla grande. Lo ultimo en atracción son las TV en tres dimensiones. ¿Qué interés puede mostrar un muchacho por un video pasado en clase si en su hogar dispone de todo lo que quiera?.

Por todo ello es necesario encontrar algún elemento que permita detectar de manera objetiva que se está manteniendo un mínimo de atención en clase. Y volvemos a la toma de apuntes en clase. Si el alumno se ve comprometido a tomar apuntes de todo lo que sucede en la clase – de todo lo importante- se verá forzado a mantener la atención en medio del marasmo de distracciones.

Pero para ello resulta indispensable saber tomar notas. Hay que tener un cuaderno destinado a tal objetivo y cuidarlo con cariño. En ese cuaderno se pondrá cada día la fecha correspondiente y la materia sobre la que se va a tomar notas. 

No es que se va a tomar notas de lo que el profesor escriba en la pizarra. Eso sería completamente inútil. Se van a escribir en él, en el cuaderno,  las explicaciones dictadas por el profesor. Con ello el alumno se ve forzado a atender a lo que se está diciendo y se tendrá un elemento objetivo de la atención prestada en clase.

Al principio, hay que saberlo, los apuntes serán un desastre. No hay que derrumbarse por ello: es normal. Poco a poco los apuntes irán mejorando tanto en presentación como en eficacia. Y no sólo mejorarán, sino que paulatinamente irá mejorando la capacidad de atención, la capacidad de anotar las ideas principales, la capacidad de presentación- limpia y ordenada, con subrayados y resaltando los aspectos esenciales- así como la capacidad de expresión escrita.

La agenda

Otro de los factores fundamentales en la obtención de un rendimiento estudiantil satisfactorio radica en la famosa agenda. Ya sea un instrumento electrónico o de una simple y sencilla agenda, resulta de capital importancia.

La agenda va a permitir que el estudiante sepa qué hay que hacer, para cuando hay que hacerlo y desde cuando hay que empezar a estudiarlo, repasarlo y simplemente realizarlo.

Es necesario que nuestros alumnos se acostumbren a registrar todo lo referente a fechas de entrega de trabajos, exámenes, tareas etc. Y no solo esto sino que determinen cuanto tiempo van a necesitar para prepararlo y sepan escribir desde que fecha va a empezar a realizar dichos trabajos, tareas etc.

Un muchacho puede tener buenos apuntes pero si no sabe cuando le toca entregar los trabajos y esto suele ocurrir muy a menudo, no obtendrá buenos resultados porque dejará todo para última hora.

En este sentido los alumnos que suelen obtener pobres resultados académicos son alumnos que no son organizados. Se limitan a estar preguntando a los compañeros ‘’ qué hay para mañana’’ y regularmente estos compañeros tampoco le saben decir todo lo que va (Si hay tareas que entregar, si hay exámenes etc.) o todo lo que se ha trabajado. Es lo que ocurre cuando un alumno falta por enfermedad a clase. Sus compañeros no le dicen ni la cuarta parte de los que se ha trabajado, y vienen los desfases.

De ahí la importancia de manejar bien la agenda. Es más una cuestión de voluntad que de habilidad. Cualquier alumno es capaz de anotar en la fecha en que se va a pedir un trabajo que se debe entregar dicho trabajo y cuáles son las condiciones y características de dicho trabajo. Lo que resulta un poco más complicado es lo de determinar cuánto tiempo se puede necesitar con anterioridad para realizar bien ese trabajo. Pero con un poco de práctica, ese elemento también se supera con facilidad. Es cuestión de paciencia y de constancia.

El Horario

El orden es lo que subyace por debajo de todos estos factores que hemos venido mencionando. Todos apuntan a tener un poco mas de orden en los estudios.

Alguien decía que el  orden consiste en tener ‘’un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. ‘’
Y el horario es el que ordena nuestro tiempo: permite determinar en qué momentos se debe trabajar o estudiar y en que momentos descansar, distraerse o hacer diligencias.

Para ello bastará con un cuadro de doble entrada: por una parte van los días de la semana (lunes, martes etc.) y por otra el tiempo distribuido en unidades de treinta minutos. Y ya está: lo que hay que hacer es rellenarlo de manera que todos los días se pueda dedicar una o dos horas al estudio.

Cada horario será diferente de acuerdo a las condiciones y características de cada estudiante. Hay quienes practican deporte en las tardes y disponen de menos tiempo. Hay quienes tienen asignado algún tipo de encargo en la casa que les absorbe mucho tiempo, y quienes simplemente dedican todo su tiempo a la distracción.

El horario permite ordenar el tiempo de manera que haya tiempo para todo. Y si no es así al menos permitirá descubrir cuáles son los factores que impiden el estudio.

Por otra parte, cuando una persona tiene un horario, que necesariamente habrá de ser flexible, se va a ver impulsada a cumplirlo, de manera que el solo hecho de tener a la vista un horario (en la puerta del cuarto, en una cartelera, en una tarjeta portátil), va a impulsar a su cumplimiento.

Los repasos

Quien repasa, asegura.

Todos los fines de semana, los alumnos deberían dedicar un tiempo corto, prudencial, a los repasos sobre lo que se ha hecho durante la semana.

Si se han llevado bien los apuntes este repaso no consiste mas que en una revisión por encima de lo que se ha hecho en cada clase a lo largo de la semana, en un releer esos apuntes.

Ese refrescamiento de lo trabajado en clase  a lo largo de la semana, contribuye de manera importante a fijar los conocimientos. Luego, cuando haya que estudiar para un examen, resultará mucho más fácil el alcanzar el conocimiento necesario. No habrá tanto que estudiar y los resultados serán evidentemente mejores.

No es cuestión de técnicas de repaso. Es cuestión de llevar bien los apuntes y de querer hacerlo. Nuevamente es un problema de voluntad. Si realmente se quiere, se está dispuesto a hacerlo con determinación, se hará.

La expresión verbal

Finalmente hay un factor que aunque parezca mentira subyace en los resultados académicos satisfactorios: La capacidad de expresión verbal. Lo malo de este factor es que escapa totalmente a nuestro control.

La adecuada expresión verbal se va adquiriendo día a día, poco a poco. No se puede estudiar, no se adquiere de un momento para otro y lo único que podemos hacer es poner pacientemente los medios para ir acrecentándola con el tiempo.

Básicamente está relacionada con el vocabulario adquirido y éste se relaciona con la captación en las lecturas realizadas. Si un alumno lee poco, probablemente tendrá una capacidad de expresión verbal muy disminuida.  Sin embargo, no por leer mucho se adquiere automáticamente esta capacidad. Conozco casos, pocos si he de ser sincero, en que los alumnos son unos ratones de biblioteca y sin embargo su capacidad de expresión verbal resulta insatisfactoria.

Y es que no basta con leer. A aprender a leer se aprende leyendo y a aprender a escribir se aprende escribiendo. Aunque ambos elementos están relacionados, uno no aprende a escribir leyendo. Para redactar bien, hay que redactar mucho. Y con interés, con la atención volcada en lo que se está haciendo.

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