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La Educación de la Generosidad


Por David Isaacs, en "La educación en las virtudes humanas", Eunsa, Pamplona
«Actúa en favor de otras personas desinteresadamente, y con alegría, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad de la aportación para esas personas, aunque le cueste un esfuerzo.»
La generosidad es una virtud que difícilmente se puede apreciar en los demás con objetividad. En en el momento de juzgar los actos de otras personas estaremos, normalmente, centrando la atención en el que recibe o en las características de la aportación. Por ejemplo, si nos enteramos de que alguna persona sin problemas económicos ha regalado una cantidad de dinero a algún pariente suyo con necesidades, es lógico que le llamemos «generoso». Sin embargo, esa aportación seguramente no le ha costado ningún esfuerzo. Desconocemos el motivo del acto: ¿ha sido por reconocer la necesidad de su pariente o por no sentirse culpable, etc. Es decir, podemos identificar distintos medios o maneras para poder llevar a cabo un acto de generosidad, pero un acto será muestra de generosidad o no, de acuerdo con la intensidad con que se viva la virtud y la rectitud de los motivos.
Hacer algo a favor de otras personas puede significar muchas cosas distintas: por ejemplo, dar cosas, dar tiempo, prestar posesiones, perdonar, escuchar (dar atención), saludar, recibir, etc., y todos estos actos suponen una decisión en algún momento dado. La voluntad, sabemos, tiende por naturaleza, hacía el bien. Sin embargo, la generosidad supone utilizar la voluntad para acercarse al bien. Se trata de una entrega, una decisión libre de entregar lo que uno tiene. No se trata de repartir lo que uno posee de cualquier modo, de abandonarlo.
Valorar lo que se tiene
Por eso podemos indicar que una de las facetas básicas de la generosidad es la apreciación del valor de lo que poseemos. En ocasiones, la dificultad radicará en una confusión superficial, de no saber identificar adecuadamente nuestras posesiones o nuestras posibilidades. Se nota claramente en expresiones. del tipo «no, sería capaz de ... », «no tengo tiempo para ... », «no sabría hacerlo ... », etc., cuando muchas veces el problema no está en la capacidad, en el tiempo, en el saber hacer, sino en la falta de confianza en las propias posibilidades o en la falta de apreciación de lo que realmente uno es capaz de hacer. Por otra parte, un problema muy común se encuentra en el valor que se da a cada una de las posesiones. ¿Qué «vale» más, un juguete caro o dos horas de mi tiempo? Para contestar a esta pregunta habría que establecer unos criterios de valoración. Si un criterio fuera «la alegría de un hijo» seguramente «las horas de tiempo» son más valiosas.


Precisamente porque la valoración de lo que tenemos se ha hecho problemático vamos a considerar algunos aspectos con más detalle. En lo que se refiere a las posesiones tangibles, dinero y objetos es evidente que podemos dar, regalar, prestar, etcétera. Sin embargo, una tendencia es dar lo que sobra y no dar de acuerdo con la necesidad de las otras personas. Conviene aclarar que tampoco se trata de llegar al otro extremo. Es decir, repartir todos los bienes propios de tal suerte que la familia no tenga lo suficiente para vivir dignamente. La primera responsabilidad del padre de familia es hacía su mujer y hacia sus hijos. Luego, deberá atender a los demás.


Otro peligro consiste en dar objetos tangibles como un mal menor. Por no tener que molestarse en dar algo que cueste mayor esfuerzo. Un ejemplo sería un padre que regalase muchas cosas a sus hijos en compensación por no pasar tiempo con ellos.
También, decimos, se puede dar tiempo. De hecho se podría definir la disponibilidad como «generosidad del propio tiempo». Y ser generoso con el tiempo significa estar dispuesto a sacrificar para el bien de los demás algo que se guarde para la propia utilización. Por ejemplo, estar dispuesto a dejar de leer el periódico cuando un hijo necesita alguien para escucharle; organizarse mejor para poder estar con la mujer en un ambiente tranquilo algún rato; atender a un amigo, etc. Las personas suelen valorar el tiempo por su rentabilidad, por los resultados que pueden ver claramente a corto plazo y, en consecuencia, establecen criterios de poco valor intrínseco. Es decir, valoran el tiempo por la cantidad de dinero que pueden ganar o por el número de contactos profesionales que pueden conseguir. Y ello en lugar de pensar que un tiempo bien utilizado podría ser ese en que se había conseguido dos sonrisas de un hijo que estaba triste o disgustado, por ejemplo.
Podemos ser generosos con el tiempo llenándolo de actividad o creando un ambiente propicio para aumentar un sentimiento de hogar, de sosiego, de tranquilidad, de seguridad; de unidad. En este sentido, podemos hablar del valor de la presencia, especialmente en este caso, del padre en su casa.
Se notará una actitud generosa en una persona que esté dispuesta a esforzarse para hacer la vida agradable a los demás, saludando a alguien que en principio le molesta y atendiendo a una serie de detalles que se sabe van a agradar a otra persona.
Pero no se trata sólo de dar. Se puede acusar una falta de generosidad en una persona que no está dispuesta a recibir, que no deja a los demás ser generosos con ella. En este sentida, se observa que algunas madres de familia se exceden en su atención para con sus hijos. No permiten a los hijos esforzarse en bien de la familia y les centran, únicamente, en el éxito personal o en el bienestar. Aunque puede parecer que este tipo de persona está actuando por motivos buenos, después de reconocer la necesidad que tiene la persona de salir de sí, de entregarse a los demás, veremos que de hecho es perjudicial. Matizando esta dificultad, veremos que también es más fácil, en muchas ocasiones, realizar una serie de tareas nosotros mismos que orientar a los hijos para que lo hagan ellos. De hecho existirá una sustitución innecesaria y estaremos restringiendo las oportunidades que tienen los hijos de adquirir un hábito bueno operativo en torno a la generosidad.
Hemos centrado estas consideraciones en torno a distintos actos generosos que pueden realizar los padres y los hijos en una familia, y hemos visto cómo todos van a costar algún esfuerzo. Sin embargo, hay un acto generoso que suele costar, incluso más esfuerzo que los previamente mencionados. Se trata de la posibilidad de «perdonar», y para perdonar hace falta tener una gran seguridad interior y un gran deseo de servir a. los demás. No se trata de quitar importancia de lo que las otras personas nos pueden haber hecho ni de ser ingenuo, sino de reconocer la necesidad de esa persona a recibir amor, a recibir nuestra generosidad (por algo en que nos haya ofendido), esforzándonos en mostrar al otro que no le hemos rechazado por lo que ha hecho. Es mostrarle que, aunque nos ha hecho tal cosa, le aceptamos, confiamos en sus posibilidades de mejora.


Motivos para ser generoso
Por todo lo que hemos dicho, es evidente que la persona necesita motivos para esforzarse a ser generoso. Tiene que utilizar su voluntad en serio y orientarlo con su razonamiento. Pero vamos a concretar más considerando otros aspectos de la definición inicial. Dijimos «actúa en favor de otra persona desinteresadamente».


En los niños pequeños no se suele encontrar una generosidad muy desarrollada, porque el niño no reconoce el valor de lo que tiene ni la necesidad de los demás. Tampoco, normalmente, es capaz de esforzarse mucho. El resultado es que llega a tener un sentido de posesión altamente desarrollado y no quiere que los demás participen en sus posesiones. O es desprendido, dando sus posesiones al azar sin pensar en la necesidad de los demás. Unas situaciones típicas que se encuentran no sólo en los niños, sino también en otras edades son las siguientes:
los actos «generosos», únicamente cuando existe una relación afectiva desarrolla los actos «generosos», pero buscando contraprestación; los actos «generosos» interesados.
Vamos a considerarlos por partes.
Es mucho más fácil actuar en favor de otra persona cuando esa persona es simpática. Por tanto, se verá cómo los niños (e incluso los mayores) tienden a actuar en favor de algún hermano, de algún amigo, etc., pero no en favor de otros. Si es normal encontrar esta situación en los niños pequeños también lo es en la adolescencia. La diferencia mayor en lo que se refiere al adolescente es que ahora los hijos tienden a ver todo en blanco y negro: juzgan a las personas sin matizar. Son buenos o malos. Son simpáticos o antipáticos. Y sus actos generosos ya, intencionalmente, se dirigen hacia los primeros.
Es indudable que la persona generosa no es esa que únicamente se esfuerza con las personas que denomina «simpáticos», sino esa que, de acuerdo con una jerarquía de valores, presta su atención a los que más lo necesitan.
Por otra parte, es evidente que no se puede lograr este grado de desarrollo desde pequeño. En principio, el niño tendrá que aprender a esforzarse en relación con las personas que le son simpáticas, buscando, en principio, agradarles. Por eso se puede decir que una de las motivaciones reales para ser generoso es ver el resultado positivo en la otra persona. Si los padres sonríen o agradecen entusiásticamente pequeños esfuerzos por parte de sus hijos, les estarán motivando a seguir con estos actos con ellos, mismos, y luego con los demás.


La segunda situación se refería al «acto generos6, pero buscando la contraprestación». Otra vez se puede notar cómo un niño que tiene algo que necesita un compañero se lo deja, pero sabiendo que, al día siguiente, cuando él necesite algo el compañero tiene la obligación de contraprestar. La motivación, en este caso, es la misma contraprestación y no hay nada de malo en ello para el niño pequeño. No podemos pedir a los pequeños que se esfuercen más de lo que realmente les es posible. En este sentido, se trata de proporcionar posibilidades, muchas posibilidades, para que los niños puedan llegar a esforzarse por motivos que parecen, en -principio, insuficientes. Así, adquirirán un hábito de dar, de perdonar, etc., y luego se tratará de cimentar la rectitud de motivos, y desarrollar la intensidad con que se vive la virtud.


Quizá una anécdota podría aclarar la cuestión. Al llegar la fiestas de Navidad un niño de siete años recibe una caja de bombones. El día de Navidad, llegan a casa doce parientes y su madre le dice: « ¿por qué no ofreces un bombón a todo el mundo?» El sabe que hay quince bombones y, calculando rápidamente, ve que se va a quedar con tres. No le convence esta posibilidad y contesta a su madre: «no quiero». Luego la madre se enfada con él. Recoge la caja de bombones y les ofrece ella misma, diciendo a su hijo: «así aprenderás a ser generoso». Evidentemente el niño piensa «si esto es la generosidad, no es para mí. No me gusta».
En esta situación, la madre podría haber sugerido que ofreciese un bombón a los primos (sólo hay cinco), y si el esfuerzo para el hijo todavía es demasiado grande, debería aceptar la situación con tranquilidad, explicándole al hijo -en todo caso- los motivos. Hubiera sido agradable que ofreciese los bombones, y esperar otra ocasión para estimular al hijo de nuevo.
El dar interesado es muy diferente. No suele conducir al desarrollo de la virtud de la generosidad. Significa que la persona está pensando, en primer lugar, en las consecuencias para él, y en segundo lugar, muy en segundo lugar, en las consecuencias para la otra persona. El dar interesado conduce más bien al egoísmo. Por otra parte, el niño tiende a ser egocéntrico. El mundo gira alrededor suyo. Este egocentrismo no constituye un problema con tal de que cuando descubra que hay otras personas que le necesitan no siga centrado en sí.


Hemos visto que los motivos para ser generoso son: agradar a otra persona por simpatía o la contraprestación.
Los padres, sin embargo, pueden abrir nuevos horizontes para sus hijos sugiriéndoles otros actos que pueden llegar a ser realmente una muestra de generosidad o explicándoles la necesidad que tiene alguna persona de recibir, para que se esfuercen y desarrollen un hábito de actuar en favor de los demás. Indudablemente, será mucho más fácil conseguir este desarrollo si existe, en los padres, un ejemplo en este sentido y, en consecuencia, un ambiente de participación y de servicio en la familia. Precisamente por eso los llamados «encargos» tienen sentido. También los padres pueden enseñar a, sus hijos el valor de lo que poseen, el dinero, objetos tangibles, su posibilidad de perdonar, su tiempo, etc.
Así los hijos pueden llegar a adquirir un hábito de dar, basado en una apreciación del valor de lo que poseen y de sus posibilidades. Sin embargo, esta educación no sería completa sin aclarar lo que significan «las necesidades de los demás».


Las necesidades de los demás
La generosidad nunca nos debe llevar a satisfacer los caprichos de los demás. Y por eso se trata de actuar prudentemente. Ya sabemos que ninguna virtud tiene sentido sin el apoyo de la prudencia. En este caso, se trata de una actitud de servicio, pero un servicio llevado a cabo mediante decisiones prudentes. Hace falta una información adecuada sobre nuestra propia situación y sobre la de la otra persona. Hace falta saber lo que se persigue y decidir y actuar congruentemente.
Y aquí podemos centrar la atención más en los adolescentes. Los hijos de trece años en adelante ya sabrán por su propia experiencia cómo se puede actuar en favor de otras personas, aunque los padres nunca hayan llegado a ayudarles sistemáticamente. Sin embargo, los motivos que tienen pueden ser erróneos o poco desarrolladoS.


Uno de los problemas principales de los adolescentes es que no ponen límite a sus posibilidades de ser generosos. Están preocupados por los demás, por la gente que se está muriendo de hambre en la India, por ejemplo, pero no saben relacionar sus propias posibilidades con esta realidad. Reconocen la necesidad de los demás en general, en términos abstractos, pero no se dan cuenta de que sus padres les necesitan o que las personas que tienen al lado les necesitan. Como hemos dicho antes, tienden a clasificar a las personas y así reducen su atención real a un grupo de amigos, mientras hablan de servicio hacia un mundo lejano.


Por otra parte, el adolescente necesita experiencias: necesita comprobar su posibilidad de actuar autónomamente. Y si los padres no encuentran unos cauces para estas inquietudes es posible que se despisten encontrando la «solución», por ejemplo, en las drogas, en el sexo, etc.


Precisamente por eso, conviene reconocer que la labor principal de los padres consiste en dar a sus hijos un conocimiento profundo de los criterios que deberán regir en sus vidas y luego dejarles actuar, encauzando su actividad cuando haga falta.
En lo que se refiere a la generosidad, habrá que encauzarles desde antes para que sigan actuando, con más iniciativa personal, en favor de los demás. Por eso, la generosidad desarrollada necesita de la fortaleza: la capacidad de acometer y luchar para algo que se sabe vale la pena.
Otro problema es la facilidad con que los adolescentes confunden las necesidades de los demás y los caprichos personales. Es decir, llegan a identificar las necesidades de los demás que más relacionan con sus propios gustos, pero no se esfuerzan por entregar lo que realmente es valioso a las personas que más derecho tienen de- recibir, o sea su familia y sus compañeros. En la adolescencia habrá que razonar con los hijos, no exhaustivamente, sino dando una información clara y luego cambiando de tema. Si hemos dicho que el desarrollo de la virtud depende de la intensidad con que se vive y de. la rectitud de los motivos, está claro que la razón tiene un papel importante.
Dar y darse
Es imprescindible que los actos de generosidad no queden aislados de la intencionalidad de la persona. Es decir, llegue a haber una rutina basada en unos actos superficialmente «generosos». El sentido del esfuerzo, de apoyar los actos con la voluntad, es lo que evitará este peligro. Pero realmente hemos de ir más al fondo de la cuestión. La persona que únicamente piensa en lo que puede hacer, planificando su generosidad conscientemente, encontrará que se cansa rápidamente. Si, en el fondo, la persona no vive la generosidad por una convicción profunda de que los demás tienen el derecho de recibir su servicio, de que Dios le ha creado para servir, difícilmente existirá una generosidad permanente en desarrollo.


Por eso, es más importante el concepto de «darse» que el de dar. Se puede dar, como vimos antes, sin identificarse con lo dado, sin simpatizar con la otra persona. El acto queda así como una señal visible a los demás, pero que, a la vez, engaña. Lo que buscamos es un dar incondicional, que es lo mismo que decir «darse».


Pero para darse hace falta saber lo que uno es y autoposeerse en cierto grado. Se confunde muchas veces los dos conceptos «darse» y «abandonarse». No se trata de dar cualquier cosa a cualquier persona en cualquier momento. Eso es abandonarse, dar sin criterio o, mejor dicho, dejarse robar sin valorar las propias posesiones. Veremos qué sentido tiene eso si pensamos en el cuerpo. Si no se entiende el valor y la dignidad del cuerpo, es posible que se llegue a una situación de abandono, incluso justificándolo en términos de «así se da placer a otro». Un profesional no cedería su puesto de trabajo a un vagabundo aunque le diese «placer». Mucha más razón de guardar el cuerpo para poder entregarlo con generosidad en una relación bendecida por Dios, es decir, en el matrimonio, cuando la otra persona reconozca la grandeza de la entrega y la respete.
La generosidad y el amor
Sin entrar propiamente en la educación para el amor, habrá quedado patente que, al hablar de la generosidad, estamos hablando de una manifestación del amor. Se puede entender el amor como radical vibración del ser hacia el bien. Y como dice Hervada «si bien es cierto que todo amor tiene unos rasgos comunes, no todos los amores son iguales. No existe un mismo tipo de amor que se aplique a los distintos objetos, porque el amor nace en una preexistente relación entre la persona y el bien; a bienes de distinto valor y en distinta posición con respecto a la persona, corresponden relaciones distintas y, por tanto, amores de características diversas».


La generosidad, como virtud, permite a la persona transferir la posibilidad radical de amar en unos actos de servicio. Los motivos que tiene la persona en cada momento serán diferentes pero como «Dios es Amor» es lógico que el motivo final tiene que ser por amor de Dios. En la vida cotidiana nosotros mismos y nuestros hijos necesitamos ayuda para actuar congruentemente con lo que sabemos que es nuestro fin último. Estas ayudas permiten a la persona recoger la «vibración radical del ser hacia el bien» y ponerlo por obra.


Educar en la generosidad en este sentido no es opcional. Es fundamental para que la persona llegue a su plenitud, para que se autoposea y para que sirva mejor a Dios y a los demás.
El egoísmo fomentado por la sociedad de consumo, por la comodidad y por el abandono debe ser contrarrestado por la fortaleza y por la entrega incondicional, de aquellas personas que actúan responsable y generosamente como hijos de Dios.

Hijos Triunfadores


Luís Baba Nakao (Marzo de 2007)

Hace unos siglos un famoso pensador griego dijo: "Lo único permanente es que vivimos en un mundo de cambios"

Debemos preparar a nuestros hijos para el mundo del futuro, no el mundo de nuestros padres ni el nuestro. En este mundo actual lo determinante para triunfar será el carácter, no exactamente el conocimiento, como muchos pudiéramos creer. Tener temple, salir de fracasos adecuadamente, hacer de los fracasos un desafío y no una tragedia..., eso será lo que buscarán los seleccionadores de personal.

Para los trabajadores independientes será un auto requisito.
Un hijo forjará carácter si percibe claramente la autoridad de los padres. Con presencia de autoridad los niños y jóvenes a su vez actuarán con autoridad para resolver sus problemas; actuarán por determinaciones. Sin presencia de autoridad nuestros hijos serán débiles de carácter y actuarán por impulsos con los consecuentes problemas de adaptación.

¿Exceso de autoridad? Siempre será mejor exceso que falta de autoridad. El límite de autoridad lo pone la siguiente regla: "La autoridad no debe humillar". Básicamente lo que es el niño o el joven hoy será el adulto del mañana. De vez en cuando hay que mirar al hijo como un adulto potencial.

¿Queremos que nuestros hijos no sufran? Entonces hay que prepararlos para sufrir. No podemos estarle evitando todo el tiempo todo posible sufrimiento ¿si no cuándo aprenderá? Debe comprender la muerte, los problemas de la vida, los problemas en el trato de sus congéneres. No debemos resolverles todos los problemas, hay que ayudarlos a que poco a poco los resuelvan ellos mismos. Nadie logra metas exitosas y duraderas sin un poco de sufrimiento. ¿Alguien imagina a un campeón de atletismo que no sufra para lograr sus marcas? Eso se aplica a todo tipo de campeón y a todo tipo de actividad. Siempre hay que pensar que, en parte, no queremos que ellos sufran para no sufrir nosotros, pero les hacemos un daño con miras al futuro.
Hay que enseñarles a hacer ESFUERZOS SUPLEMENTARIOS.  Que sepan que siempre se puede un poquito más. Recuerda que nadie recoge su cosecha sin sembrar muchas semillas y abonar mucha tierra.

Es muy importante enseñarles a carecer, es decir a "sentir la falta de" y arreglárselas por sí mismos. Hay chicos que no juegan su deporte si no tienen zapatillas de "marca". Si no aprendes a carecer no aprendes a arreglártelas. Aunque tengamos para darles el 100%, los chicos deben saber el valor de las cosas. Si no lo hacen de chicos, les será muy difícil de adultos y allí sí que van a sufrir y nosotros también con ellos.  ¿Cómo les enseñamos a carecer? ¡Dándoles un poquito menos de lo que necesitan! ¡No hay otra manera! Si no ¿cómo sienten la falta de? Así aprenden a apreciar lo que tienen. Aprenden a no ser ingratos. Aprenden a gozar de la vida porque muchas veces se goza en las cosas sencillas. Aprenden a no ser quejosos.


Una excelente escuela para aprender a carecer (sin morir en el intento) es la mesa del hogar, la comida. ¿Qué debemos darles de comer? ¡Lo que nosotros decidamos que es bueno para ellos! Es no sólo por su bien  estomacal, sino que es una excelente forma de que aprendan a carecer, que no sean ingratos, que no sean quejosos. "Mami... no me gustan las lentejas". Si quieren hacerles un bien para la vida, denles las lentejas. Habrá berrinches, no se exalten (autoridad no es gritar), que no coma si no quiere, pero cuando le vuelva el hambre: ¡SORPRESA! ... ¡Las lentejas del refrigerador calentadas!

Parece increíble, pero si no hacemos este tipo de cosas no se podrá adaptar. La comida es una buena escuela del carecer, pues así no serán quisquillosos en sus relaciones sociales, en el trabajo y en el mundo real.


También hay que educarlos en el servicio. Una familia normal es un equipo de trabajo con pocas tareas: tender la cama, limpiar los cuartos, lavar los platos, pintar la casa, etc. Hay que educarlos para que realicen labores de hogar, aunque lo hagan mal al principio. Si no hacen este tipo de servicios luego tendrán problemas. Las escuelas más importantes de liderazgo del mundo enseñan a los jóvenes a carecer, para que sepan y entiendan el mundo y lo puedan liderar.

¿Mesadas? Que sean una cantidad fija, más bien, semanales y algo menos de lo que creen que necesitan. Así aprenden a administrar el dinero. Claro que se deben aceptar excepciones, pero conversadas serenamente.


Construyamos hijos luchadores, no debiluchos sobreprotegidos.  Que se superen a sí mismos. Que tomen los problemas como desafíos para mejorar. Recuerden que nadie alcanza altura con un solo vuelo. También hay que ilusionarlos con ideales, metas futuras, sueños para que sean buenos de corazón. Importante también es estar convencidos de que triunfador no equivale a tener "dinero o propiedades", triunfadores son aquellos que son felices con lo que hacen, con su vida. Solamente así podrán hacer felices a otros.


Los hijos con carácter templado, conocimiento del carecer, educados en el servicio y plenos de amor e ilusiones serán hijos triunfadores.

Los padres tenemos la gran responsabilidad de criar hijos que transformen nuestro país, en uno donde reine la libertad, la abundancia, la justicia y sobre todo la felicidad.


"El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas."
William George Ward.

Ideas para fomentar la vida de piedad



[Mariano Bailly-Bailliere. Escritos ARVO]

Orientarles desde pequeños, en el amor a la Sagrada Eucaristía y a la Santísima Virgen.
Cuidar que las devociones y actos de piedad, desde pequeños, tengan un contenido teológico que van entendiendo poco a poco.
Los padres deben enseñar a rezar, pero deben explicar también a quién se reza y por qué se reza.
No abandonar nunca el "seguimiento" de los niños en las oraciones diarias, como el ofrecimiento de obras y lo que recen al acostarse.
Que el rezo en familia se haga con respeto. Cuidar las posturas. No es lo mismo rezar que jugar o ver la tele. La actitud debe ser otra.
Buscar la manera, sin ahorrarse sacrificios -los padres y los hijos- de rezar el Rosario en familia. Los más pequeños pueden rezar algunos misterios, de acuerdo con su edad. Organizar el estudio, el descanso, las horas de llegada, etc., para que se rece el Rosario. Razonarlo.
Acudir con los hijos a la Santa Misa, siempre que se pueda. Cuando son pequeños ir explicándoles, poco a poco, los cuatro fines de la Misa, para que se acostumbren y aprendan a valorarla.
Cuidar especialmente la compostura en la Iglesia. Hacerles notar que el Señor está real y verdaderamente presente.
Cuidar los atuendos. No se debe ir a la Iglesia, y menos a la Santa Misa el domingo, por ejemplo, con ropa de deporte. Hay que enseñarles a distinguir una cosa de otra.
Preocuparse de que guarden el ayuno eucarístico.
Enseñarles a prepararse para ir a comulgar, con actos de contrición y de amor de Dios.
Enseñarles a dar gracias después de la Comunión, descendiendo a detalles concretos.
Permanecer dando gracias un rato, explicándoles que el Señor está todavía dentro de nosotros realmente. Dar ejemplo.
Explicarles desde pequeños el significado de las distintas fiestas litúrgicas.
Que asocien desde pequeños el dolor, la contrariedad, el esfuerzo, el trabajo, con la reparación y la corredención. Hay que ir dándoles razones "poderosas" que luego les sirvan de apoyo.
Ayudarles a que sean constantes en la oración y demás prácticas de piedad.
Ayudarles cuando llegan a los 11-13 años a superar los respetos humanos, la vergüenza a que les vean rezar. Saber los padres que el ambiente favorece en muchos casos a que los tengan.
Explicarles por qué se escogen determinados lugares de veraneo, en vez de otros con ambientes donde se ofende a Dios, de modo que también ellos asuman esta decisión.
Enseñarles desde pequeños que ninguno de los bienes materiales que poseen les pertenece plenamente. No tienen derecho a romper los juguetes que les han regalado.
Enseñarles a mirar la Cruz cuando les cueste entregar algo. Al fin y al cabo todo lo que tienen lo han recibido de Dios. La entrega de Cristo en la Cruz es nuestro ejemplo.
Cuidar de que una parte de su dinero la entreguen como limosna. Que ahorren para hacer regalos a sus padres y hermanos.
Fomentar las acciones de gracias desde pequeños. El agradecimiento nos lleva a corresponder y a ser generosos con quien primeramente nos ha hecho el bien.
Ejercitar obras de misericordia corporales, acompañados de los hijos, de modo que el contacto con los que sufren, con los desheredados, sea, además, el mejor antídoto contra el aburguesamiento.


Oraciones para rezar en familia

[Del libro "Hablo a mis hijos de Dios" de Josefina Caprile de García Llorente]
“La familia que reza unida, es capaz de resistir
todas las pruebas”.
Beata Madre Teresa de Calcuta.
Cuenta una antigua leyenda, que un niño estaba por nacer. Entonces, se dirigió a Dios con estas palabras:
“- Me dicen que vas a enviarme mañana a la tierra, pero ¿cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy?
“- Entre muchos ángeles elegí uno para ti que está esperándote; él  te cuidará”
“- Pero dime: aquí en el cielo, no hago mas que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz”.
“- Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz”.
“- ¿Cómo entender que la gente me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?”.
“- Tu ángel te dirá las palabras mas dulces y mas tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar”
“- Y, ¿qué haré cuando quiera hablar contigo?”.
“- Tu ángel te juntará las manitos y te enseñará a rezar”.
“- He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?”.
“- Tu ángel te defenderá aún a costa de su propia vida”.
“- Pero estaré siempre triste porque no te veré más, Señor”.
“- Tu ángel te hablará de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado?”.
En ese instante una gran paz reinaba en el cielo, pero ya se oían las voces terrestres y el niño presuroso, repetía suavemente:
“- Dios mío, si ya me voy dime su nombre. ¿Cómo se llama el ángel”.
“- Su nombre no importa; tú le dirás: Mamá”.

Y a esta antigua leyenda, le podemos agregar el nombre de un “segundo ángel” que también acompaña a su hijo por el mundo: papá.
Algunas oraciones para rezar en familia a lo largo del día:
ORACIÓN DE LA MAÑANA
Para los más chicos: que le manden un beso a Jesús y a la Virgen María
Para los más grandes:
“Todos mis pensamientos, todas mis palabras, todos mis deseos, te los ofrezco Señor en este día con amor”.
O bien: “Tuyo soy, para ti nací ¿Qué quieres Jesús de mí?”
ORACIÓN DE LAS DOCE
El Ángelus.
ORACIÓN PARA  BENDECIR LA MESA
Para los más chicos: “El niño Jesús que nació en Belén, bendiga esta mesa, y a nosotros también”.
Para los más grandes: “Bendice Señor a nosotros y a estos alimentos que recibimos de tus manos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. El Rey de la Gloria eterna nos haga partícipes del Banquete Celestial. Amén”.
También: “Bendice Señor a estos alimentos y a todas las personas que han hecho posible que lleguen a esta mesa”.
ORACIÓN PARA ALGÚN MOMENTO DEL DÍA: EL SANTO ROSARIO
Tengamos en cuenta que, los últimos Papas han recomendado con especial énfasis el rezo del Rosario. Es más, la Santísima Virgen María, Ella misma, en sus apariciones en Lourdes y en Fátima, nos pide a todos que lo recemos: “Rezad el Rosario todos los días”, repetía la Virgen a los pastorcitos de Fátima en sus apariciones en 1917.
Así hablo Juan Pablo II en Nigeria “Alabo a todas las familias que rezan juntas”... “Familias cristianas, el Papa os pide hoy que fomentéis la oración en familia, la oración diaria en familia. Maridos y mujeres juntos, los padres con sus hijos. Tened especial devoción al Rosario. Rogad a María, madre de Cristo y madre de la Iglesia, la madre de las familias católicas. Dios no dejará de bendecir a la familia que rece unida en el nombre de su hijo, nuestro Señor Jesucristo.”                                       
A los chicos les resultará ameno, si hacemos una breve narración de cada misterio. También les gustará dirigirlo.
MÁS ORACIONES A LA VIRGEN MARÍA
“Dulce Madre no te alejes, la vista de mí no apartes, ven conmigo a todas partes, y solo a mí no me dejes”.
“Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a vos, y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre de bondad, guárdame”.
ORACIÓN AL ÁNGEL DE LA GUARDA
“Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, si me desamparas ¿qué será de mí? Ángel de mi guarde ruega a Dios por mí”.
ORACIÓN DE LA NOCHE
Para los más chicos: “Jesús, José y María, les doy el corazón y el alma mía. Con Dios me acuesto, con Dios me levanto, y la Virgen María me cubre con su manto”.
Para los más grandes: tres Ave Marías.
“Jesús, José y María les doy el corazón y el alma mía. Con Dios me acuesto, con Dios me levanto,  y la Virgen María me cubre con su manto. Adiós mi buen Jesús y bendice a papá, a mamá, a ... Gracias por tantas cosas y perdón Señor si hoy te he ofendido. Ayúdame a ser mañana mas bueno que hoy. Te digo todo esto por intermedio de María Santísima, mi Madre del cielo”

FACTORES BASICOS EN EL RENDIMIENTO ESTUDIANTIL SATISFACTORIO



Preparado por Lic. Leopoldo Ayala L.

Para obtener un buen rendimiento estudiantil se requiere que confluyan seis  factores fundamentales
Atención en clase:

Este factor se  constituye en el más importante de todos. Un alumno que atiende en clase tiene la mitad de la partida ganada. El problema radica en que este es un factor que escapa de nuestras manos. Ni los padres ni los profesores pueden forzar una mayor atención en clase. Pero ¿qué es atender a clase? ¿En que consiste? Sabemos, por investigaciones que se han realizado, que la atención sostenida de un adulto no sobrepasa con eficiencia los 20 minutos. Eso significa que cada 20 minutos se requiere aunque sea un pequeño descanso, que puede consistir en un cambio de actividades.

Entre los estudiantes nos encontramos diferentes características. Desde los que sin atender casi nada, captan de inmediato la mayor parte  de lo que se dice sin realizar mucho esfuerzo, hasta los que se distraen por cualquier cosa: están pendientes de todo lo que ocurre en la clase para no quedar fuera de ningún acontecimiento por mínimo que este sea.

Es necesario buscar un elemento que contribuya constantemente a centrar la atención en lo que se esta haciendo. Algún elemento alterno que asegure, al menos parcialmente, esta atención: La toma de notas.

La Toma de notas

El tomar apuntes en clase surge en la Edad Media cuando no había libros. Lo que decía el profesor era esencial (¨Magister dixit). Era la época en que la “auctoritas” del maestro nunca se ponía en duda. Él era quien lo sabía todo, era la única referencia; en consecuencia no quedaba más remedio que tomar apuntes lo más fielmente posible de todo lo que decía. Y los mismos alumnos se afanaban por traspasarse tales apuntes, de uno a otro y de año a año.

Con el progreso de la publicación de libros, la autoridad del maestro se ha visto disminuida. Ya no es importante lo que dice porque  la información que nos trasmite se puede conseguir en cualquier libro y más aún, con el internet lo encuentro con toda facilidad y a velocidades increíbles.  El maestro adquiere entonces otra función: la de facilitador del aprendizaje. Ya no es el que dicta la ciencia sino quien establece las oportunidades y medios de estudio para obtener un buen rendimiento.
Los alumnos pierden interés por tener que copiar las ideas principales de lo que se está trasmitiendo, ya que en cualquier momento la información la van a conseguir en algún texto escolar y viene con gráficos de colores y perfectamente explicada. Por fin, los alumnos se liberan del apuntismo. Ya no tienen que estar pendientes de todo lo que hace o dice el maestro. A partir de ahora, cobra mucha mayor importancia las relaciones de lo que sucede en el aula: los comentarios de los compañeros, los chistes, los que se molestan, los que se juegan con otros… hay que estar pendientes de todo lo que ocurre en el salón, si no se quiere caer en quedar aislado por el grupo.

Y el maestro batalla denodadamente por atraer la atención de los alumnos. Aporta materiales, audiovisuales, guías resumidas que facilitan el proceso de aprendizaje y que se encargan de resumir en pocas páginas lo que aparece en los textos de manera extensa y aburrida. Presiona, amenaza con exámenes más difíciles, trata de hacerse amigo de los alborotadores. Su única arma verdaderamente valiosa son las notas. Es a lo único que temen los muchachos. Sin embargo se le inculca  lógicamente al profesor que no debe emplear las calificaciones como instrumento de disciplina y ya lo vemos de nuevo haciendo de tripas corazón para poder obtener un mínimo de atención en clase.

Ya ni siquiera las películas que se pasan en clase son motivo de verdadera motivación. Nuestros muchachos tienen  en sus casas un arsenal de elementos distractivos que les facilitan obtener lo que ofrece el profesor  y mucho más. Wii, Exbox, computadoras, proyectores de videos, juegos sofisticados de todo tipo…Por precios ínfimos adquieren la película que quieren para verlas con sus amigos en pantalla grande. Lo ultimo en atracción son las TV en tres dimensiones. ¿Qué interés puede mostrar un muchacho por un video pasado en clase si en su hogar dispone de todo lo que quiera?.

Por todo ello es necesario encontrar algún elemento que permita detectar de manera objetiva que se está manteniendo un mínimo de atención en clase. Y volvemos a la toma de apuntes en clase. Si el alumno se ve comprometido a tomar apuntes de todo lo que sucede en la clase – de todo lo importante- se verá forzado a mantener la atención en medio del marasmo de distracciones.

Pero para ello resulta indispensable saber tomar notas. Hay que tener un cuaderno destinado a tal objetivo y cuidarlo con cariño. En ese cuaderno se pondrá cada día la fecha correspondiente y la materia sobre la que se va a tomar notas. 

No es que se va a tomar notas de lo que el profesor escriba en la pizarra. Eso sería completamente inútil. Se van a escribir en él, en el cuaderno,  las explicaciones dictadas por el profesor. Con ello el alumno se ve forzado a atender a lo que se está diciendo y se tendrá un elemento objetivo de la atención prestada en clase.

Al principio, hay que saberlo, los apuntes serán un desastre. No hay que derrumbarse por ello: es normal. Poco a poco los apuntes irán mejorando tanto en presentación como en eficacia. Y no sólo mejorarán, sino que paulatinamente irá mejorando la capacidad de atención, la capacidad de anotar las ideas principales, la capacidad de presentación- limpia y ordenada, con subrayados y resaltando los aspectos esenciales- así como la capacidad de expresión escrita.

La agenda

Otro de los factores fundamentales en la obtención de un rendimiento estudiantil satisfactorio radica en la famosa agenda. Ya sea un instrumento electrónico o de una simple y sencilla agenda, resulta de capital importancia.

La agenda va a permitir que el estudiante sepa qué hay que hacer, para cuando hay que hacerlo y desde cuando hay que empezar a estudiarlo, repasarlo y simplemente realizarlo.

Es necesario que nuestros alumnos se acostumbren a registrar todo lo referente a fechas de entrega de trabajos, exámenes, tareas etc. Y no solo esto sino que determinen cuanto tiempo van a necesitar para prepararlo y sepan escribir desde que fecha va a empezar a realizar dichos trabajos, tareas etc.

Un muchacho puede tener buenos apuntes pero si no sabe cuando le toca entregar los trabajos y esto suele ocurrir muy a menudo, no obtendrá buenos resultados porque dejará todo para última hora.

En este sentido los alumnos que suelen obtener pobres resultados académicos son alumnos que no son organizados. Se limitan a estar preguntando a los compañeros ‘’ qué hay para mañana’’ y regularmente estos compañeros tampoco le saben decir todo lo que va (Si hay tareas que entregar, si hay exámenes etc.) o todo lo que se ha trabajado. Es lo que ocurre cuando un alumno falta por enfermedad a clase. Sus compañeros no le dicen ni la cuarta parte de los que se ha trabajado, y vienen los desfases.

De ahí la importancia de manejar bien la agenda. Es más una cuestión de voluntad que de habilidad. Cualquier alumno es capaz de anotar en la fecha en que se va a pedir un trabajo que se debe entregar dicho trabajo y cuáles son las condiciones y características de dicho trabajo. Lo que resulta un poco más complicado es lo de determinar cuánto tiempo se puede necesitar con anterioridad para realizar bien ese trabajo. Pero con un poco de práctica, ese elemento también se supera con facilidad. Es cuestión de paciencia y de constancia.

El Horario

El orden es lo que subyace por debajo de todos estos factores que hemos venido mencionando. Todos apuntan a tener un poco mas de orden en los estudios.

Alguien decía que el  orden consiste en tener ‘’un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. ‘’
Y el horario es el que ordena nuestro tiempo: permite determinar en qué momentos se debe trabajar o estudiar y en que momentos descansar, distraerse o hacer diligencias.

Para ello bastará con un cuadro de doble entrada: por una parte van los días de la semana (lunes, martes etc.) y por otra el tiempo distribuido en unidades de treinta minutos. Y ya está: lo que hay que hacer es rellenarlo de manera que todos los días se pueda dedicar una o dos horas al estudio.

Cada horario será diferente de acuerdo a las condiciones y características de cada estudiante. Hay quienes practican deporte en las tardes y disponen de menos tiempo. Hay quienes tienen asignado algún tipo de encargo en la casa que les absorbe mucho tiempo, y quienes simplemente dedican todo su tiempo a la distracción.

El horario permite ordenar el tiempo de manera que haya tiempo para todo. Y si no es así al menos permitirá descubrir cuáles son los factores que impiden el estudio.

Por otra parte, cuando una persona tiene un horario, que necesariamente habrá de ser flexible, se va a ver impulsada a cumplirlo, de manera que el solo hecho de tener a la vista un horario (en la puerta del cuarto, en una cartelera, en una tarjeta portátil), va a impulsar a su cumplimiento.

Los repasos

Quien repasa, asegura.

Todos los fines de semana, los alumnos deberían dedicar un tiempo corto, prudencial, a los repasos sobre lo que se ha hecho durante la semana.

Si se han llevado bien los apuntes este repaso no consiste mas que en una revisión por encima de lo que se ha hecho en cada clase a lo largo de la semana, en un releer esos apuntes.

Ese refrescamiento de lo trabajado en clase  a lo largo de la semana, contribuye de manera importante a fijar los conocimientos. Luego, cuando haya que estudiar para un examen, resultará mucho más fácil el alcanzar el conocimiento necesario. No habrá tanto que estudiar y los resultados serán evidentemente mejores.

No es cuestión de técnicas de repaso. Es cuestión de llevar bien los apuntes y de querer hacerlo. Nuevamente es un problema de voluntad. Si realmente se quiere, se está dispuesto a hacerlo con determinación, se hará.

La expresión verbal

Finalmente hay un factor que aunque parezca mentira subyace en los resultados académicos satisfactorios: La capacidad de expresión verbal. Lo malo de este factor es que escapa totalmente a nuestro control.

La adecuada expresión verbal se va adquiriendo día a día, poco a poco. No se puede estudiar, no se adquiere de un momento para otro y lo único que podemos hacer es poner pacientemente los medios para ir acrecentándola con el tiempo.

Básicamente está relacionada con el vocabulario adquirido y éste se relaciona con la captación en las lecturas realizadas. Si un alumno lee poco, probablemente tendrá una capacidad de expresión verbal muy disminuida.  Sin embargo, no por leer mucho se adquiere automáticamente esta capacidad. Conozco casos, pocos si he de ser sincero, en que los alumnos son unos ratones de biblioteca y sin embargo su capacidad de expresión verbal resulta insatisfactoria.

Y es que no basta con leer. A aprender a leer se aprende leyendo y a aprender a escribir se aprende escribiendo. Aunque ambos elementos están relacionados, uno no aprende a escribir leyendo. Para redactar bien, hay que redactar mucho. Y con interés, con la atención volcada en lo que se está haciendo.

La Autoestima

"La Autoestima, ¿Qué es y Cómo Reforzarla?"


¿Que es la Autoestima?


" Es la distancia entre la visión que tenemos de nuestra persona y la imagen ideal que queremos alcanzar.Si hay mucha diferencia entre una cosa y otra, nuestro equilibrio se resentirá."


De ahí, por ejemplo, que actrices bellas, inteligentes y famosas no se valoren, mientras que mujeres con menos atributos y éxito profesional sepan quererse y consigan ser más felices a lo largo de toda su vida.
Rasgos que caracterizan a una persona con problemas de autoestima:
Las personas perfeccionistas, con un alto nivel de autocrítica y autoexigencia, se enfrentan a muchos más problemas de autoestima:
·    Son Inseguras, desconfían de sus facultades y les cuesta trabajo tomar decisiones, ya que siempre tienen miedo a equivocarse y a enfrentarse al fracaso.

·    Tienen una imagen distorsionada de sí mismas, tanto en lo que se refiere a rasgos físicos como en lo relacionado con su carácter y valía personal.

·    Necesitan aprobación de forma desesperada, así que dependen en exceso del afecto de los demás, de lo que dicen, etc. Y eso las hace vulnerable.

·    Les cuesta manifestar sus sentimientos por miedo a sentirse rechazadas y, si algo funciona mal en una relación de pareja o amistad, enseguida se culpan.

·    Experimentan angustia y depresión por no ser capaces de superarse y de gustarles a todos. Su idea de bienestar está ligada a lo que los demás les digan.


¿Cómo Reforzar Tu Autoestima?


Lo fundamental que debes hacer para reforzar y/o aumentar tu autoestima es "Aprender a Quererte a ti mismo".
A continuación te doy algunos tips para que lo logres:


1.    Comienza por aceptarte tal como eres, en lugar de querer ser lo que otros quieren que tu seas.
2.    Identifica cuales son tus creencias y quien te las inculcó. Esta será la base para tu autoconocimiento, basado en esto podrás realizar la reingeniería de tu vida. Haz un listado de todas tus creencias y desecha aquellas que te frenen.
3.    Cambia tu punto de referencia sobre los hechos de tu pasado.Muchas veces vivimos atormentándonos con hechos del pasado que nos causaron algún dolor. Cambiando tu punto de referencia, cambiará tu punto de vista. Si eres capaz de cambiar tu punto de vista, no podrás cambiar tu pasado, pero si la interpretación que tienes de él.
4.    Cultiva tus Fortalezas, en vez de concentrarte en tus debilidades y te sorprenderá el poder que tienes para crear tu realidad.La mejor manera de liberarte de tus defectos es aumentar tus cualidades, ya que los defectos se diluirán en ella.
5.    Está atento al lenguaje que empleas, siempre utiliza habla en positivo, reafirmando las fortalezas que ya tienes e incorporando a tu personalidad atributos que desees tener.
6.    Libérate de rencores. El rencor es una carga muy pesada, que te hace infeliz y te impide avanzar, por lo que desde hoy en adelante hazte la firme meta de perdonar y olvidar todas las ofensas que has recibido.
7.    Aprende a decir SI, cuando quieras decir Si y NO cuando quieras decir NO. Ya que cada vez que dices Si cuando quieres decir No, muere una parte de ti.
8.    Cultiva el habito de tener confianza en ti mismo, ten confianza en tus propias opiniones, hazlo de una forma positiva y realista, sin creerte lo mejor, pero pudiendo serlo.
9.    Haz cosas que no se te den bien, pero que te diviertan. Para romper los esquemas de conducta perfeccionista, ayuda realizar tareas en las que no importa el resultado. Dedicarse, por ejemplo, a cantar o dibujar acaba con la ansiedad y la necesidad de hacerlo todo bien.
10.    Cultiva tu sentido del humor, y no le des importancia a las cosas que no las tienen. No todo el mundo está pendiente de ti y, la mayoría de las veces, aquello que nos parece importante no tiene relevancia para el resto. Reírse de las cosas es muy saludable.
11.    No te evalúes por una actuación determinada. Es importante saber separar los hechos del valor que tenemos como seres humanos. Cualquiera tiene derecho a equivocarse. Por ejemplo, hacer el ridículo en una fiesta no tiene nada que ver con nuestra valía personal.
12.    No huyas de las responsabilidades, acéptalas como un reto. Toma decisiones como un ejercicio de entrenamiento y, si algo sale mal, ten el coraje de volver a intentarlo. Nadie esta libre de equivocarse y, si se cierra una puerta, se abrirá otra.
13.    Prémiate por tus logros, márcate pequeños objetivos y hazte un regalo por haberlos conseguido. Esta técnica te enseñará a valorar tus triunfos y a alegrarte por ellos.
14.    Ejercita tu cuerpo, practica tu deporte favorito o simplemente realiza una caminata 30 minutos diarios. Parte de la filosofía de tener una mente sana es tener un cuerpo sano.

El ayuno y la abstinencia


Obligación de guardar el ayuno y la abstinencia

La Iglesia establece unos días en que los fieles han de guardar ayuno y abstinencia de tomar carne u otro alimento.  



Obligación de guardar el ayuno y la abstinencia

Desde tiempo inmemorial es práctica en la Iglesia observar unos días de penitencia. No es objetivo de este artículo comentar la historia de la penitencia en la Iglesia, sino de explicar la disciplina vigente. La Iglesia quiere ser fiel al mandato del Señor, que indicó que “vendrán días en que les será arrebatado el esposo y entonces ayunarán” (Mt, 9, 15). Por eso ha establecido tiempos y días de penitencia que incluyen el ayuno y la abstinencia, obligatorios para toda la Iglesia de rito latino. Este es el sentido del canon 1429:

Canon 1249: Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen.


Conviene indicar, antes de entrar en otras cuestiones, que la obligación de que se habla en este artículo es jurídica. Los fieles están obligados, desde el momento en que queda recogida en el Código de derecho canónico, por la fuerza de la norma. Vale por lo tanto esta consideración para hacer ver que, si bien muchas veces, el cumplimiento de la norma no supone sacrificio y penitencia, no por ello los fieles pueden ingerir estos alimentos. El fiel al que no le cueste sacrificio abstenerse de carne, ha de abstenerse de todas maneras: y entonces el valor de su acción será la de la obediencia a la norma de la Iglesia. No supone sacrificio la abstinencia de carne, pero tiene el mérito y el valor ejemplar de la obediencia a la ley y a la Iglesia.

La Iglesia establece unos tiempos de penitencia que incluyen el ayuno y la abstinencia. Pero se debe tener en cuenta que los fieles están obligados cada uno “a su modo”: las prácticas que se establecen no dispensan de la obligación de hacer penitencia, la cual es personal, y no se debería limitar a las pocas prácticas comunes a todos los católicos.

Estas son las prácticas de penitencia que indica el derecho canónico:

Canon 1251: Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Canon 1252: La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.

Por lo tanto, existen las siguientes posibilidades según la edad:

Hasta los 14 años cumplidos: no hay obligación de guardar ayuno ni abstinencia.

Desde los 14 y hasta los 18 años (mayoría de edad canónica): Existe la obligación de guardar la abstinencia de carne o de otro alimento todos los viernes del año, salvo si coincide con solemnidad.

Desde los 18 hasta los 59 años cumplidos: existe la obligación de abstenerse de tomar carne u otro alimento los días indicados anteriormente y de ayunar el miércoles de ceniza y el viernes santo.

Desde los 59 años de edad: desaparece la obligación de ayunar, pero subsiste la obligación de abstenerse de la carne u otro alimento.

Dispensa y conmutación

El canon 1245 establece unas facultades de dispensa amplias:

Canon 1245: Quedando a salvo el derecho de los Obispos diocesanos contenido en el c. 87, con causa justa y según las prescripciones del Obispo diocesano, el párroco puede conceder, en casos particulares, dispensa de la obligación de guardar un día de fiesta o de penitencia, o conmutarla por otras obras piadosas;

En cuanto al modo de hacer el ayuno, se indican aquí la normas dadas por la Conferencia Episcopal española: “En cuanto al ayuno, que ha de guardarse el miércoles de ceniza y el Viernes Santo, consiste en no hacer sino una sola comida al día; pero no se prohíbe tomar algo de alimento a la mañana y a la noche, guardando las legítimas costumbres respecto a la cantidad y calidad de los alimentos”. Otras Conferencias episcopales han dado normas semejantes.     


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